LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

LO QUE PUEDES ENCONTRAR;

  • El incendio del Allendeduero y del Sancti Spiritus
  • Partes del arzobispo de Burgos sobre los incidentes ocurridos en la ciudad entre el pueblo y la tropa francesa el 18 de abril de 1808
  • La batalla de Gamonal de 10 de noviembre de 1808



LA BATALLA DE GAMONAL DE 10 DE NOVIEMBRE DE 1808

La Batalla de Gamonal (también conocida como Batalla de Burgos) fue una batalla librada en el pueblo de Gamonal, actual barrio de Burgos, el 10 de noviembre de 1808 entre las tropas de Napoleón y las españolas al mando del Conde de Belveder, saldándose con la derrota para las tropas españolas y dando paso al expolio de la ciudad de Burgos
Antecedentes
A Burgos llegó el general Murat el 13 de marzo de 1808 tratando de buscar la adhesión del vecindario. No lo consiguió y a finales de año hubo alborotos, bajo pretexto de la detención de un correo, y el intendente, marqués de la Granja, estuvo a punto de perecer a manos del pueblo amotinado.
Intervención en Santander
El mariscal Bessières, que tenía asentado su cuartel general en Burgos, mandó salir, el 2 de junio de 1808, al generalMerle con 6 batallones y 200 caballos para apaciguar la insurrección de Santander.
Sublevación en Valladolid
Merlé hubo de regresar para unirse al general Lassalle, que había partido de Burgos el 5 de junio de 1808, con 4 batallones y 700 caballos, hacia Valladolid.
Llegada del ejército de Extremadura
Al quedar desguarnecida la ciudad llega el ejército de Extremadura, compuesto por 18.000 hombres, distribuidos en 3 divisiones, al mando del joven conde de Belveder, nombrado por la Junta Central para reemplazar a José Galluzo.
Ejército imperial
El mariscal Soult toma el mando del II cuerpo francés, tras el cese de Bessières, que pasa al mando de la caballería y sale al encuentro de Napoleón en el recorrido de Vitoria a Madrid.
Desde el 7 de noviembre de 1808 viene la 1ª división, la tarde del 9 llega la 2ª, quedando en Lerma la 3ª. En la ciudad y cercanías había 12.000 hombres, de los cuales 1200 eran de caballería.
Confianza de Belveder
Fiado Belveder en algunas favorables y leves escaramuzas, recomienda descanso a los oficiales de la 2ª división, considerando suficiente la 1ª para rechazar a los franceses, en caso de que atacaran. Ignoraba tanto la superioridad de sus adversarios como la endeblez de sus tropas.
A las 6 de la mañana del 10 de noviembre de 1808, el general Lasalle, con la caballería francesa, llegó a Villafría, a tres cuartos de legua de Gamonal, donde esperaba la 1ª división de Belveder, mandada por Fernando María de Alós. Como los franceses no disponían de infantería, retrocedieron hasta Rubena provocando la acción de la 1ª, que fue rechazada por Lasalle, obligando al repliegue hacia Gamonal.
El resto del ejército español acude y es derrotado, entrando mezclados los vencedores con los vencidos en la ciudad de Burgos. La caballería pesada de Bessières acuchilla a los soldados fugitivos y se apodera de la artillería. Si las pérdidas españolas fueron considerables, la dispersión y el desorden fueron las características más importantes.
Los vencedores entraron en la ciudad, se dedicaron al pillaje y se apoderaron de 2000 sacas de lana fina. Napoleón sentó en Burgos su cuartel general y el 12 de noviembre, revistadas las tropas, concede perdón general y amnistía a todos los españoles que en el plazo de un mes, a contar desde su entrada en Madrid, depusieran las armas y renunciasen a toda alianza y comunicación con los ingleses. Napoleón parte hacia Madrid, dejando a su hermano José en la ciudad

Partes del arzobispo de Burgos y Gregorio de la Cuesta sobre los incidentes ocurridos en la ciudad entre el pueblo y la tropa francesa el 18 de abril de 1808.
1808-04-30, Burgos
Forma parte de un expediente con partes de las autoridades de Burgos sobre varios sucesos ocurridos en 1808.
Signatura Origen: Procede de CONSEJOS,17791,EXP.26













El incendio del Allendeduero y del Sancti Spiritus

El 10 de junio, se cumple el bicentenario de una de las jornadas más dramáticas y a la vez controvertidas de las vividas en Aranda a lo largo de su historia. Aquel jueves, 10 de junio de 1813, se produjo por varios focos un catastrófico incendio que destruyó casi todo el barrio del Allendeduero, incluido el convento e iglesia de los dominicos que estaba bajo la advocación del Sancti Spiritus. Estamos en los últimos días de la Guerra de la Independencia y las tropas napoleónicas huían de España dejando a su paso el rastro de terror y destrucción de los cinco años anteriores. Las tropas francesas habían ocupado de manera permanente la villa de Aranda hasta el 16 de junio de 1812. Ese día se produjo lo que se conoce como ‘Asalto de Aranda’, en que las tropas españolas dirigidas por el general Durán, atacan las posiciones francesas en la capital de la Ribera. Los franceses tuvieron más de 100 bajas entre muertos, heridos y prisioneros, entre los españoles hubo 19 muertos y 54 heridos. Esta operación militar fue una auténtica batalla urbana que se desarrolló entre los dos acuartelamientos del Palacio Episcopal (en los actuales Jardines de Don Diego) y del Sancti Spiritus (frente al Hospital de los Santos Reyes). La mayor parte de los muertos y heridos se produjeron en la calle Postas y en el Puente sobre el río Duero. Los españoles liberan por segunda vez Aranda desde el comienzo de la Guerra pero la ciudad volverá a ser ocupada por los franceses en distintas ocasiones para dar cobertura al abandono de Madrid. No obstante la ocupación ya no tendrá el carácter de estabilidad que había tenido hasta entonces. Se inicia en Aranda un período de casi un año absolutamente caótico en el que la ciudad es ocupada alternativamente por tropas francesas y españolas. El 10 de junio de 1813 el ejército napoleónico abandona definitivamente la villa de Aranda, tras unas semanas de ocupación ante el continuo paso de tropas procedentes de Madrid. En su huida incendian el barrio del Allendeduero. Los arandinos controlan el fuego y, cuando están haciendo recuento de los graves desperfectos, se dan cuenta de que hay un incendio aún mayor en la iglesia y convento de los dominicos.



Tradicionalmente se ha dicho que este recinto religioso fue incendiado por los franceses pero es muy posible que, en medio del caos y confusión reinantes, algunos españoles aprovechasen la situación para incendiar el viejo monasterio y evitar así que los dominicos volvieran tomar posesión de sus propiedad, transformadas en acuartelamiento por los franceses, y recuperar así el poder que tenían antes de la llegada del ejército invasor. Esto lo podemos deducir de las palabras del Padre Herrero, que fue el dominico encargado de informar de lo sucedido a sus superiores. Los franceses han dejado la ciudad y los dominicos se disponen a volver a su convento. Se sorprenden incluso de ver que algunas de las partes del mismo han sido mejoradas. Éstas son las interesantes palabras en las que el Padre Herrero narra el suceso:

“En medio de estos infortunios de pérdida de las casas, tuvieron los religiosos la complacencia de ver que, expelido el enemigo, estaba su edificio en pie y mejorado en una parte; pero fue muy momentánea tamaña satisfacción, porque dispuestas las cosas para reunirse en él a cumplir su ministerio, hubo hombres enemigos que incendiaron el convento. Su escandalosa aversión al estado regular pudo acalorarlos de tal suerte que no dudaron en cometer una acción tan criminal, aunque no podemos llamar acaloramiento aquel torpe proceder que se hace de pensado y sostiene con tesón. Lo cierto es que, conmovido el vecindario, vieron arder el edificio, corría presuroso en su auxilio, pero se estorbaba el paso en la cabeza del puente del Duero. Los párrocos, que debían promover la caridad de los fieles, a lo menos uno de ellos, procuraba disuadirles, llegando a tanto su osadía, que corrigió al sacristán porque tocaba las campanas en señal de que había fuego. La Municipalidad no quería ir a la zaga, motivo que no impidió que todo impío o avaro se apropiase de aquellos restos que habían dejado las llamas”.

Sorprende ver que el Padre Herrero acusa incluso a uno de los dos párrocos, el de Santa María o el de San Juan, de cierta complicidad al intentar evitar que se tocasen las campanas en señal de fuego. Asimismo acusa al ayuntamiento de haber permitido el pillaje y robo de bienes después del incendio. Lo cierto es que, además de las pérdidas materiales y humanas producidas, se perdió para siempre uno de los monumentos más relevantes del patrimonio histórico-artístico de Aranda de Duero. El Obispo Acosta había fundado el monasterio de los dominicos en el siglo XVI, dotándolo de importantes obras de arte entre las que destacaban numerosas esculturas de Juan de Juni. Tras el incendio hubo infructuosos intentos de recuperar la vida conventual pero el tiempo fue acabando con todos los restos que habían quedado. De este convento nos quedan algunos bajorrelieves, pinturas y esculturas de su retablo mayor (en la parroquia de San Juan de la Vera Cruz), la estatua de Santo Domingo de Guzmán que está en la fachada de parroquia de la que ahora es titular, las esculturas de San Joaquín y Santa Ana de la iglesia de San Juan, el Cristo de la Salud que está en Santa María, el Cristo del Milagro de la parroquia de Santo Domingo y el arco y los tres escudos del obispo Acosta que se trasladaron al paseo de la Virgen de las Viñas en los años 70. En una de las imágenes, tomada hacia 1930, podemos ver una vista general del Barrio Allendeduero desde el arco del Ayuntamiento. A la derecha vemos la gran mole que quedaba del viejo convento más de un siglo después de su destrucción. El abandono general provocaba que muchos aprovechasen los sillares para realizar otras construcciones, acrecentando aún más el proceso destructivo, el Sancti Spiritus era una especie de cantera en medio de Aranda. La otra fotografía es una vista general del barrio del Allendeduero tomada hacia 1945, a la izquierda vemos el edificio del Hospital de los Santos Reyes y a la derecha las ruinas del Sancti Spiritus poco tiempo antes de que se derrumbase la última bóveda que quedaba en pie

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